Resultados de la búsqueda

Mostrando 1 - 2 de 2
  • Ítem
    Sobre la teoría de la novela.
    (Editorial Universidad Pedagógica Nacional, 1991-01-01) Jiménez Panesso, David
    ¿Por qué leemos novelas? Said dice muy sutilmente que, ante todo, lo hacemos porque deseamos la compañía de otra voz. En ésta escuchamos el seductor comienzo de una nueva vida, alternativa a la nuestra. Leer una novela, sin embargo, es también sentir que la autenticidad es sistemáticamente traicionada. El personaje quiere ser otro distinto del que es; el lector quiere encontrar en el personaje ese alguien distinto que quisiera ser o, por lo menos, ese modelo de quien distanciarse para ser diferente. El autor desea una nueva vida, una como no existe en la realidad. ¿ Quién comienza a leer una novela? Un hombre solo, aislado. ¿Qué historia lee? La historia de un hombre, o de una mujer, solo, aislado. ¿Quién la escribe? Un hombre solo, que pretende así, igual que el lector, salir de su aislamiento. ¿ Se trata del placer que nos causa el espectáculo de una vida libremente creada? Pero no la percibimos libre. ¿Es la ilusión de contemplar cómo se forja un destino, cómo se hace un individuo, al contrario de lo que sucede con nuestra vida, cuyo hacerse nos es dado contemplar sólo en fragmentos y a saltos y cuyo sentido final ignoramos? Pero el personaje de novela está también forjado con nuestra propia materia histórica. Él también se impulsa con la ilusión de la libertad para descubrir, finalmente, que no es dueño de su propia vida, de su propio destino. Que hay fuerzas moldeadoras que son, más propiamente, deformadoras y destructoras, superiores al individuo. Y el novelista no puede sustraer a su personaje de esas fuerzas que son ineluctables, aun en la ficción. Sin ellas, el mundo ficticio no sería novelístico sino simplemente fábula o cuento fantástico.
  • Ítem
    Escrito sobre Borges.
    (Editorial Universidad Pedagógica Nacional, 2017-04-30) Jiménez Panesso, David
    La idea de expresión termina casi siempre por resolverse en la idea de redoblamiento: producir un doble, un representante que pueda pasar por el otro. Producirlo a partir del original, de tal manera que un movimiento de acercamiento no sólo muestre sus analogías sino, en últimas, su identidad. Ese doble puede ser como el mapa del Imperio, que cubría todo el territorio punto por punto hasta hacerlo desaparecer. O puede ser el comentario: la verdad de éste, llevada por el mismo camino lógico de la cartografía del Imperio, consiste en recubrir el texto comentado hasta identificarse con él palabra por palabra; su perfección, como la del mapa, no puede dejar nada por fuera, pero tampoco puede excederse. Su ser consiste en redoblar.